Australia se impuso a Sudáfrica por 214 carreras en Durban y ganó el primer Test de la serie. El resultado ofrece pistas a Inglaterra, que viajará a Sudáfrica en diciembre para disputar su propia serie de tres Tests, con las Ashes en casa a la vista el próximo verano.
Sudáfrica llega oxidada
Hace casi un año que los Proteas no jugaban un Test, la impresionante victoria por 2-0 en la India. Además, este partido fue su primer Test en casa desde que ganaron la final del Campeonato Mundial de Test ante Australia en Lord’s, en junio de 2025.
Se les notó la falta de ritmo. Aiden Markram aportó algunos aspectos positivos, sobre todo sus casi seis horas en el campo, 237 bolas en la segunda entrada, en un intento inútil por salvar el empate. David Bedingham también dejó buenas sensaciones con dos puntuaciones de 40 en el tercer puesto.
Sin embargo, las cifras no fueron suficientes para el formato largo. Sudáfrica desperdició numerosos inicios en la primera entrada, pues seis jugadores anotaron al menos 30 carreras sin lograr convertirlas en algo grande, y acabó cediendo un déficit de 106 carreras. Ryan Rickelton tuvo un par de actuaciones fallidas en la parte alta del orden, y el capitán Temba Bavuma también estará en el punto de mira, ya que sumó apenas cuatro carreras en sus dos entradas.
La duda es si se trata de problemas más profundos o simplemente de las consecuencias lógicas de un regreso oxidado al Test tras una larga ausencia. Inglaterra tendrá la respuesta antes de su primer Test en Johannesburgo, el 17 de diciembre, pues los anfitriones jugarán dos Tests más contra Australia y una serie de dos partidos contra Bangladesh en noviembre para ponerse a punto.
¿Ha resuelto Renshaw los problemas de Australia en el medio orden?
Con sus 190 carreras en la primera entrada, su mejor marca personal, Matt Renshaw podría haberse asegurado un puesto en el medio orden de Australia por mucho tiempo. Fue el jugador del partido y aportó además 82 carreras en la segunda entrada y un par de wickets con su brazo de off-spin de cuota.
Su actuación rescató a Australia del 124-6 del primer día, cuando el equipo corría el riesgo de perder el control del encuentro por los fallos habituales de su parte alta del orden. Después, Australia llegó a 390 carreras ya avanzado el segundo día y no volvió a mirar atrás.
Si Renshaw se ha hecho con la posición de número cinco, al menos durante el resto de la serie, quedan por resolver dudas sobre el resto de la alineación de bateo.
Travis Head ocupaba ese puesto hasta que pasó a abrir a mitad de las Ashes del invierno pasado. El cambio dio buenos resultados, pues firmó tres siglos en victorias en Perth, Adelaida y Sídney. Sin embargo, no ha superado las 22 carreras en sus tres Tests desde entonces, incluidas dos eliminaciones poco afortunadas en Durban.
Renshaw también ha abierto antes para Australia, así que podría producirse un intercambio entre ambos en algún momento. ¿Será un asunto que haya que revisar antes del viaje a Inglaterra el próximo verano?
Por ahora, Renshaw tendrá sin duda la oportunidad de jugar en el medio orden, y Australia tiene problemas de bateo más graves que resolver antes de decidir cómo aprovechar mejor a Head.
Dudas sobre Labuschagne y el orden superior
Marnus Labuschagne sigue esperando su duodécimo siglo en Tests, una sequía que se remonta a julio de 2023.
Un siglo en el partido de preparación previo a la serie hacía presagiar mejores cosas, como también sus dos puntuaciones de 37 en este Test, aunque no logró convertir ninguna en una marca destacada, y mucho menos en un siglo.
Labuschagne promedia solo 25,29 con el bate en sus 24 Tests desde que superó los cien por última vez en Old Trafford, durante las Ashes de 2023. Se consideró muy afortunado por mantener su puesto en esta selección australiana, aunque fue más por la falta de alternativas sólidas que por su rendimiento.
Maddison disputó su último Test con Australia a finales de 2016, con un promedio de 6,75 en sus tres partidos. Desde entonces, su carrera se ha visto frenada por lesiones, problemas de salud mental y después por un diagnóstico de cáncer testicular que lo tuvo apartado durante gran parte del año pasado. El jugador de 34 años no había disputado un partido de primera clase desde marzo de 2025 cuando regresó al equipo de Test en Durban, tras las lesiones de otras opciones de bateo, Cameron Green y Josh Inglis.
Su primera entrada terminó con un pato en 33 bolas, un inicio poco prometedor en su segunda etapa internacional. Sin embargo, jugó con bastante más libertad en la segunda entrada, cuando Australia ya tenía una gran ventaja: anotó 48 carreras en 38 bolas, con seis cuatros y un par de seises. Aun así, su lugar en el equipo seguirá bajo escrutinio.
Sobre todo porque Green e Inglis volverán a estar disponibles para el segundo Test en Gqeberha.
Sería muy duro descartar a Maddison después de un solo partido, pero Australia tiene muchas ganas de recuperar sobre todo a Green, la gran promesa del equipo, y Renshaw ha bloqueado su vía más evidente de regreso en el número cinco.
¿Podría entrar por Labuschagne en el tercer puesto, o por Beau Webster en el séptimo, después de que se le diera poco uso como todocampista en este encuentro? Todavía hay mucho que resolver en la configuración de esta alineación de bateo.
Hazlewood y compañía demuestran que siguen siendo una potencia
Si hay un aspecto del rendimiento de Australia que debería preocupar a Inglaterra, es la calidad y profundidad que sigue teniendo su ataque.
Josh Hazlewood firmó sus mejores cifras en Tests, 6-49 en la segunda entrada, y completó así una actuación dominante de los seamers visitantes. El capitán Pat Cummins había liderado el ataque en la primera entrada, con 3-54, y ayudó a eliminar a Sudáfrica por unas discretas 284 carreras en un campo de bateo aceptable.
El veterano off-spinner Nathan Lyon, de 38 años, aporta otra dimensión, mientras que Australia también cuenta con Scott Boland y Michael Neser como reservas.
Esa profundidad será importante en los próximos meses. El ataque australiano es un grupo envejecido, y la exigente agenda de Tests, con una serie de cuatro partidos en casa ante Nueva Zelanda y cinco de visitante en la India después del viaje a Sudáfrica, pondrá a prueba su forma física y su durabilidad.
¿Cómo estarán cuando llegue la Ashes el 18 de junio, con el primer Test en Trent Bridge?
Por ahora, cualquier idea optimista de que el ataque australiano estará de capa caída para entonces parece muy prematura.
Una selección sudafricana desconcertante
La alineación de Sudáfrica para el partido inaugural planteó algunas dudas, sobre todo la decisión de alinear a dos especialistas en el juego de giro en Durban.
Keshav Maharaj y Simon Harmer ofrecían una opción zurda y otra diestra, pero ninguno resultó especialmente peligroso. Entre los dos sumaron solo cuatro wickets, y Harmer solo consiguió uno en la primera entrada, lo que permitió a Australia recuperarse del 124-6 para llegar a 390.
La ausencia de Kagiso Rabada, que no logró recuperarse a tiempo de una lesión en el isquiotibial para este Test, quizá obligó a los seleccionadores a tomar esta decisión, pero dejó su ataque algo descompensado y con un aspecto improvisado.
Wiaan Mulder, por ejemplo, no debería lanzar con la bola nueva en el Test. El todocampista de bateo logró dos wickets con ella en la primera mañana y añadió un par más en el segundo día, pero fue bastante ineficaz en el resto de sus 31 overs de duro trabajo a lo largo del partido.
El regreso de Anrich Nortje fue alentador. Tras una larga ausencia de los Tests, el rápido mostró destellos de la velocidad y la agresividad que lo convirtieron en un activo importante durante su primera etapa en el equipo, entre 2019 y 2023.
Si Rabada está recuperado y disponible para el segundo Test en Gqeberha, su regreso aportaría más equilibrio y pegada al ataque sudafricano.
La combinación de Rabada, Nortje y la opción zurda de Marco Jansen lanzando con fuerza supondría un reto mucho mayor para Australia, y también para Inglaterra dentro de un par de meses.